Suéltalo.
Hay aquellos momentos, esos en los cuales parece que te comerás el mundo, aquellos en los que los pasos que das parecen gigantescos, abismales, cada paso parece miles de kilómetros, parece que vas a devorar el mundo en un momento, y de repente sucede, aquel éxtasis de felicidad, aquel sentimiento de liberación, aquel cosquilleo que burbujea en tu vientre explota y deja un camino de soledad y tristeza, desamparo y angustia, aquel gigantesco paso que parecías haber dado se reduce a un milímetro, a un pequeño y ridículo movimiento, y aquello grandioso, fenomenal y extraordinario se convierte en segundos en nada, ¿de que sirvieron esos pasos acelerados en busca de felicidad? ¿para qué tanto frenesí si al final nada para esa horripilante sensación de soledad?
Aquella soledad que con sus tenebrosas uñas araña, lastima y lacera tu piel, aquella soledad que se intenta disfrazar sin éxito alguno en triunfo, pero que sabes, siempre lo sabes, es solo una tristeza tan grande que duele, y cuando te preguntan, cuando intentan entablar conversación contigo, cuando crees que podrás decirles como te sientes, porque joder, porque te creías ganadora, solo queda aquel lamento, entre silencioso y triste que intentas ocultar con una sonrisa o una personalidad arrolladora, como si fueras la campeona del mundo, como si hubieras ganado joder, pero no.
Pueden pasar, días, semanas, meses y años y aun así te seguirás sintiendo como aquella niña lastimada y miedosa, como aquella niña que no sabía a dónde correr y esconderse, aquella miserable niña que le tocó crecer rápidamente y saborear la tristeza y desazón, aquella niña que se odio mientras se miraba en el espejo y que fingió que todo estaba bien, porque era fuerte, porque era invencible, porque luchaba mientras su interior se desintegraba a cada segundo.
Esa niña que una vez tuvo sueños y sentimientos se convirtió en lo que eres ahora, aquella mujer que siente a flor de piel los sentimientos y llora en la soledad antes de admitirlo ante alguien, aquella mujer que con una sonrisa dice "estoy bien" pero en realidad muere día tras día mientras pone una máscara de seriedad y auto control. Aquella mujer que ahora mismo esta escribiendo esto mientras en su mente solo hay un remedio para su dolor y la mera idea de llevarlo a cabo te corta la respiración.
Puede que hoy no se pierda, puede que está batalla se gane pero llegará el día, aquel maldito día, donde se perderá y ya no habrá sonrisa lo suficientemente ancha y fingida que pueda ocultas las heridas del corazón que tienes.
Puede que hoy se haya ganado esa batalla, pero mañana será otro día y la pregunta es,
¿se habrá ganado?
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