Para tipos como tú

Cuando empezamos a "querer" o ansiar cierto contacto con aquella persona que nos hace sentir algo, de alguna forma decirlo especial, creo que no llegamos a pensar o sopesar nuestras acciones y demás. 

En mi mente de alguna forma llegamos a algo más que una caricia, llegamos a aquel momento en el cual nos entregamos con desenfreno, con ansias casi enloquecedora, en la que nuestra piel arde al minimo contacto, en los que nuestros labios cobran vida propia y nos dejamos vencer, porque queremos, porque lo ansiamos, porque necesitamos esa bocanada de aire, porque de alguna forma dejarlo pasar sería algo insultante, dejar que se evapore y no aprovechar el momento es algo ridículo, o lo haces ya o no, o te mojas o no, o asaltas esa muralla o te quedas del otro lado. 

Entonces aún con el corazón bombeando inseguridad te lanzas sin paracaídas, sin cuerda que sostenga tu caída, te lanzas y gritas eufórico, la adrenalina a tope y lo besas, lo aplastas tu boca contra la de él, te dejas vencer entre sus brazos, entre aquellos dedos largos y fuertes y bailas al compás sensual que el cuerpo pide, le lames lentamente la boca, enredas entre tus pequeños dedos en su cabellera y jadeas, le susurras algo, le incitas, le provocas, aquel momento la incomodidad o vergüenza deja de existir, te entregas al momento y esperas que él también lo haga. 

Pasan horas, días, semanas y meses, no hay avance, no hay llamada, no hay más caricias, no hay nada y te sientes ridícula, te sientes estafada, ¿cómo fue posible que cayeras en sus mentiras?

Intentas recomponerte, intentas unir tus piezas aunque durante la marcha te sientes de alguna forma alguien insignificante, te ánimas, te abrazas en la soledad para darte un empuje hacia adelante, pero no sirve de nada, ¡qué forma más cruel! ¡qué horror!

Tantos sentimientos a flor de piel, tanto sentimiento que desborda, destroza, enloquece y repara, que renace y muere a cada segundo. Qué....

Te miras, te analizas, y con el orgullo que tienes te prometes no volver a caer, con la cabeza en alto, con el orgullo aún intacto y la soledad tomando tu mano te prometes no volver a caer. 

Te juras, mientras te miras, te abrazas mientras sigues adelante, no miras atrás, pero dejas un mensaje claro. 

Dejaste lo mejor que podría haber sido. 

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