Avanza

 Cuando recuerdo el momento de mi llegada a otro país siempre me acompaña una sensación de tristeza y desamparo, para mí fue un momento un tanto traumático. 

Recuerdo haberme despertado como todos los días, pero ese día en concreto todo parecía borroso y algo oscuro, la sensación de nerviosismo estaba en el ambiente, las palabras parecían no salir, cada mirada iba cargada de mucho sentimiento, cada roce, pequeño e insignificante sería el último, recuerdo haber desayunado yerba mate y un pan con azúcar, algo típico del día a día. 

Recuerdo que esas horas parecían pasar de prisa, casi como alguien malévolo se divirtiera y riera mientras decía "ya no os queda tiempo" 

Recuerdo el abrazo de mi abuela, aquella pequeña figura aferrándose a mí mientras sus lágrimas, jamás vi llorar tanto a alguien en tan poco tiempo, me salpicaban las mejillas, mientras sus ojos pequeños y negros revoloteaban por todo mi ser, buscándome, queriéndome, amándome tanto que me calentaba el cuerpo entero, recuerdo sus manos callosas de tanto trabajar desenredando mi cabellera rebelde y rizada, sus dedos temblorosos limpiando mis lágrimas, aquellas que escapaban sin darme cuenta alguna, aquella que ardían por mis mejillas y se perdían por la camiseta que llevaba, recuerdo haber soltado un lamento entre aullido y pena, un lamento que me heló la sangre, un lamento como el de un animal herido.

Recuerdo haberle apretado tan fuerte entre mis brazos mientras ella descansaba su cabeza contra el mío y rezaba, mujer devota y clemente como ella, como sus rezos para ella eran la protección más eficaz contra todo mal, recuerdo haber gritado, peleado, recuerdo haberme clavado las uñas en la palma de las manos mientras el ser que ayudo a darme vida prohibía a mi mundo, a mi estabilidad emocional, acompañarme, recuerdo mientras subía al coche haberme apoyado contra el cristal y susurrado una y otra vez, "abuelita, abuelita" era un mantra que parecía herirla, pero aún así no podía parar. 

Odie. Odie tanto ese momento, odie a ese hombre. Lo odie tanto que mi sangre hirvió, que mis facciones se convirtieron en una figura deforme, que de mi corazón broto azufre y de mi boca salpicó veneno a su ser. 

Lo odie porque no permitió que ella me acompañara, lo odie porque ya me había destruido la infancia, lo odie porque había roto mis sueños, lo odie tanto que fue el comienzo del fin, y a lo largo de los años lo seguí odiando, tanto que solo recordarlo brotaba en mí desconcierto, tristeza, angustia y un sinfín de lágrimas que jamás tenían fin, a día de hoy, casi diecisiete años después puedo decir que hasta hace poco deje de sentir ese resentimiento. Ha llovido mucho sobre tierra árida e infértil, han brotado muchas emociones a lo largo del año, de los cuales mucho no son buenos, a habido actos de terrorismo sobre mi misma, se han creado distanciamientos que es imposible ya de reparar, ese día marcó un antes y un después. Y después de tantos años lo que siento se diluye con el paso del tiempo, se calma, se apacigua pero no se olvida. 

Esa herida ya no sangra, no paraliza y no define mi yo, esa herida cicatrizo pero a veces, momentos puntuales se abre y brota tanto dolor, tanto rencor que dificulta respirar, esa herida me retrocede a mi yo inocente y herido, me aleja de mi yo actual, mujer sola, independiente, recelosa de todos y luchadora, me aleja y me convierte en una víctima de mis recuerdos, cuando ese momento revive solo puedo apretar entre mis dedos mi vida, mi persona y decirme "tu puedes"

En ese momento me siento abandonada a mi suerte, me siento en el desierto a punto de morir en soledad, ese momento es el peor, ese momento me deja durante días entre el estado del pasado, triste, solitario, rabiosa, enfurecida, dolida...

Por ello, ahora, mientras escribo y revivo me digo, "tu puedes" "tu eres fuerte" "si quieres llorar, llora, si quieres destrozar, rompe"

No pongamos una tirita para curar una herida sangrante, no intentemos ocultar el sol con un dedo, sencillamente respiremos y mirémonos, y mientras te ves, mientras ves ese estado roto, abrázate, quiérete.

Avanza.

No esta mal sentir esas emociones después de tanto tiempo, pero no te quedes atascada, no te quedes paralizada en el pasado. 

Avanza.  








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